EVALUADORES

 

 

En nuestra nota anterior ya dejábamos caer algo al respecto, pensamos que el evaluador de un educador ha de ser un profesional claramente capacitado, un superior jerárquico que con absoluta honestidad observe el trabajo, lo evalúe y lo corrija.

 Podrá decirse que en la fórmula presentada existen evaluadores que van a entregar su opinión sobre el desempeño educativo del maestro, en efecto, hay en el proceso escogido la presencia del director que nos parece oportunísima, de colegas educadores, de alumnos y padres de familia, y es en estos otros personajes donde ciertamente encontramos sino reparos riesgos, pues sus criterios pudieran llegar a ser exclusivamente opiniones interesadas y comprometidas no necesariamente con el logro educativo .
 
Es conocido que en la educación pública existen banderías, grupos y subgrupos en la planta docente de una institución, por ello no necesariamente la opinión del colega pudiera llegar a ser la real, la objetiva, pudiera venir marcada por posicionamientos internos , intereses ideológicos o partidarios, o simplemente por desafectos que bien pueden darse en una relación humana de trabajo.
 
El padre de familia está ausente, no presencia la clase, no observa el desempeño de la misma ni tiene en ocasiones los conocimientos científicos necesarios para poder fungir de juez, sus criterios van a estar influidos por los de sus hijos, por lo que ellos comenten de uno u otro docente y el juicio del alumno que se podría considerar como complementario va a estar determinado por impresiones y más por la carga de afectos que haya en la relación alumno-profesor. No queremos ni imaginarnos las calificaciones que sacarían los profesores de estudiantes de tercero y cuarto curso, catorce y quince años, cuando el ser humano se encuentra en el ojo de ese huracán llamado adolescencia, cuando ciertamente molesta la exigencia, el rigor científico y todo lo que vaya encaminado a poner orden y organización. El juicio del alumno por tanto no siempre será veraz y va a depender mucho del humor con el que este se encuentre al momento de emitir un juicio.
 
Colegas, padres y alumnos pueden y acaso deben ser encuestados, pero de manera referencial para complementar un proceso que nos lleve a estructurar juicios de valor, pero sus criterios no pueden en el nuestro ser considerados como absolutamente valederos para generar la permanencia o no en la docencia de un catedrático.
 
El verdadero soporte de la evaluación está en la supervisión, y en la supervisión áulica, ahí donde está la verdadera trinchera educativa, ahí donde se gesta la acción, donde ese binomio maravilloso que resultan ser maestro-alumno interactúan, trabajan, se complementan o se divorcian, es el aula la que tiene la última palabra y hasta ahí deberá llegar quien quiera evaluar a un educador.
 
 
Dr. Abelardo García Calderón