ESTUDIAR

Quisiéramos saber, y lo decimos de todo corazón, cuándo el estudiar se volvió castigo, cuándo lo convertimos en martirio al punto de que padres y alumnos piden, suplican, exigen y demandan porque no se realice. Bien sabemos y lo hemos repetido durante toda nuestra vida de educadores que estudiar en sí mismo no es un acto feliz, pero que evidentemente se vuelve necesario, indispensable, importante para desarrollar gentes con capacidades y competencias en el siglo XXI.
 
Parecerá mentira, queridos lectores, pero no son pocos los padres de familia que de una u otra forma protestan porque sus hijos tengan que estudiar, son muchos más los que demandan que no hayan lecciones ni tareas que resolver y nos preguntamos: sin investigar, sin analizar, sin estudiar, será posible aprender? 
 
Es verdad que en el aula asistiendo, atendiendo y entendiendo la clase se pueden desarrollar habilidades y destrezas que apuntalen la interiorización del conocimiento, pero si este momento puntual no se refuerza con lectura, con estudio y con aplicaciones puede desvanecerse como pompa de jabón; por otro lado, cómo desarrollar y cultivar la responsabilidad, cómo hacer trabajar la voluntad a favor del crecimiento intelectivo y de lo que eso significa en nuestros tiempos si no ponemos ante el estudiante unas horas más tarde de la clase elementos para que vuelvan a motivar su necesidad de conocer, estudiar; y quisiéramos enviar este mensaje a los padres de familia, no será hermoso pero es bueno, no será alegre pero puede resultar divertido, no será feliz pero es -lo dijimos en líneas arriba- indispensable y necesario para crecer intelectualmente y en el conocimiento.
 
La clase por sí sola no es suficiente y no puede serlo porque entonces tendríamos que admitir que tan solo la presencia y palabras del profesor basten. Estudiar es mucho más que escuchar al profesor, estudiar es hacer propio el conocimiento que nos es ajeno y en ocasiones esquivo, estudiar es elemental para quien quiera crecer como ser humano en el siglo XXI.
 
Dr. Abelardo García Calderón