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ENSEÑAR - APRENDER
Binomio sin duda que resulta el ideal del proceso educativo es este de enseñar-aprender, y tanto que podría ser el perfecto si permanentemente se cumpliera en ambos extremos. Hoy queremos reflexionar algo sobre el aprender, sobre ese acto cognitivo de hacer mío el conocimiento expuesto en distintas fuentes y que me llena de experiencias capaces de dejar en mí huellas aleccionadoras.
Si en efecto como lo decimos líneas arriba el aprender es un acto intelectual, propio por tanto de la inteligencia, pero que curiosamente y cada vez con mayor frecuencia necesita más que eso. Parecería mentira pero la sola inteligencia, la pura inteligencia no basta para hacerme un eficaz y eficiente aprendiz, a ella es necesario sumarle la voluntad, el deseo de aprehensión, el interés, de ahí lo importante de una buena motivación, de ahí la necesidad de contar con el buen ánimo del niño o el adolescente para redondear el proceso de aprender.
Dichas así las cosas el aprendizaje es un quehacer activo que implica predisposición y ánimo, por ello no basta solo con que el estudiante concurra al aula, tampoco que de alguna manera mire atento al profesor sino que viva en ella, se sienta parte real del proceso y esté dispuesto a receptar la enseñanza que hacia él se dirige desde el profesor, el texto o el multimedia.
Con más frecuencia cada vez encontramos bloqueos, bloqueos desde lo emocional, lo familiar, desde lo circunstancial y la cotidianeidad del estudiante que de alguna manera le impiden culminar el proceso. Es inteligente, está presente y sin embargo no aprende, entonces es cuando los apoyos, las búsquedas se vuelven importantes para responder a estas señales que sin duda nos están diciendo que existen problemas en la interiorización de lo enseñado.
El aprender también es un acto volitivo, por ello conviene entusiasmar al hijo, al alumno para que se introduzca en el mundo del aprendizaje y salga de él triunfador y feliz.
Dr. Abelardo García Calderón   |