NO ES TAN FÁCIL

 

Con mucha soltura y absoluto desparpajo, y casi como si no se dijese nada, hemos escuchado decir en las más altas esferas gubernamentales que se ha dispuesto la generación de una partida de diez millones de dólares para, en caso de ser necesario, preparar en tres meses a profesionales de otras ramas para que vayan a ser profesores públicos y reemplacen así a aquellos que en su momento no se presentaren a las evaluaciones y por ende perderán sus cargos.
 
Si preparar profesores fuese tan fácil como eso que distinta sería la realidad de la educación ecuatoriana y que fácil en todo el mundo el poder solucionar las múltiples problemáticas docentes que ahora existen. Esperamos sinceramente que la declaratoria haya sido más política que real pues, si en efecto resulta ser expresión cierta de lo que se cree, nos daría mucha pena el descubrir la opinión que algunos funcionarios tienen de la docencia.
 
El educador no se forja en tres meses, el educador no se construye a la rápida y medio barnizándose con conceptos pedagógicos y didácticos, el educador no se improvisa, el educador reclama bastante más; exige, primero, vocación, vocación que es solidez y al mismo tiempo coraza para sobrellevar los altibajos que presentan el ejercicio profesional; el educador reclama años de preparación, de formación pues como decían los griegos nadie da lo que no tiene y ciertamente es importante en el que enseña no solo el conocimiento científico, sino la capacidad de transmitirlo y la voluntad de formar al otro para que trascienda. El educador no es resultado de una línea de producción, es conjunción de esfuerzos a su vez de otros formadores y de los propios.
 
Ignorar lo expresado o desentenderse de ello sería encontrar una mala solución a un grave problema. Si hay un profesorado que falla este no puede ser suplantado por otro que fallará igual por lo poco preparado y fortalecido que se encuentre. Busquemos salidas, busquemos alternativas pero que beneficien al hecho y a la gestión educativa, que no la compliquen más ahondándole en el submundo que ya se encuentra, seamos prudentes al declarar, seamos serenos y no caigamos en prepotencias que poco o nada ayudan a resolver el problema.
 
La situación, lo reconocemos, es delicada, es grave, pero su solución no pasa simplemente por reemplazar a unos por otros, sino en el buscar la mejora profesional de esos unos y esos otros para que los mejores sean los que accedan al privilegio de ostentar la cátedra.
 
Pasemos de la bravuconada a la serenidad para hacer valer los derechos de los educadores que seguramente están en espera, pero seleccionando a partir de méritos y capacidades y no de afinidades y compadrazgos.
 
 
Dr. Abelardo García Calderón