INAUDITO

Husmeando entre algunos documentos encontramos un Acuerdo Ministerial que habíamos reservado para comentar desde hace ya algún tiempo, nos referimos al Acuerdo Ministerial 446, del 12 de diciembre de 2007, y que entre otros aspectos con que regula el ingreso de nuevos profesores al fisco, norma la integración de los jurados calificadores conque estos son seleccionados.

En efecto, en el mencionado acuerdo nos llamó mucho la atención el artículo 17, que dice: “El jurado calificador estará conformado de la siguiente manera: a)Un padre, madre o representante, elegido en asamblea de padres para presidir el jurado; b)Un padre, madre o representante, elegido en asamblea de padres para ser miembro del jurado; c)Dos representantes de los docentes elegidos por la junta general de directivos y profesores; d)Un delegado de los estudiantes, para lo cual cada paralelo seleccionará a su representante, quien participará en una sesión especial convocada por el Rector o Director. En esta sesión los representantes nombrarán a su delegado que les representará en el jurado calificador. Este delegado se nombrará en los establecimientos que tengan desde octavo año en adelante.”
 

Ciertamente no sabemos si a ustedes, estimados lectores, pero a nosotros nos impactó malamente esa excesiva democratización del tribunal seleccionador de profesores, creemos que es bueno integrar la comunidad educativa, que los padres se vinculen al proceso de aprendizaje de sus hijos, pero no compartimos el hecho de que estos intervengan en aspectos administrativos y técnicos de los planteles.

Ejercer las de jurado para seleccionar profesores, y lo decimos por experiencia, no resulta sencillo, demanda a su vez manejo de destrezas y estrategia para poder descubrirlas y evaluarlas en la clase demostrativa, mas allá de eso es importante que el jurado conozca hasta la saciedad el tema sobre el que versa la clase para avalar el conocimiento que sobre éste tenga el postulante, debe observarse también el impacto del docente frente a su auditorio, la capacidad de concentrar atención; y, junto al dominio del tema, la capacidad a su vez de transmitir en lenguaje claro y sencillo para que el estudiante lo asimile y comprenda.
 

Quien no es educador puede entusiasmarse por la facilidad de palabra, por el discurso bonito o impresionarse ante lenguaje pomposo, ante la expresión diletante e inclinar así su voto por quien aparentemente hablando más y mejor deje atrás al profesor conocedor, bien preparado y dueño de sus actos pedagógicos, por ser menos efusivo. Elegir al buen educador va mas allá de la primera impresión, supera en mucho al concurso de oratoria y tiene que ver bastante con lo de fondo, con los dominios, con aquellas cosas que se requieren para ejercer bien la cátedra aunque se impresione menos.

Dos padres en el jurado calificador, uno de ellos presidiéndolo, y un alumno que muy poco o casi nada podrá aportar -mas allá de sus primeras impresiones- nos luce una democratización exagerada, casi un acto demagógico con el que una vez más se menosprecia a lo científico y técnico que tiene la educación.

En nuestro criterio, en ese jurado deberían estar las cabezas académicas de las instituciones, los jefes de áreas, los educadores a cargo de la materia en otros paralelos o cursos para que la selección sea sensata, ajustada a realidades educativas, lo otro es un albur, es entregar la decisión de la selección de educadores a personas poco o nada conocedoras de los aspectos científicos y sin duda carentes de opiniones valederas para valorar los aspectos didácticos, a menos que lo que se busque sea eso, atribuir luego a terceros la poca eficiencia de una selección.

Dr. Abelardo García Calderón